Amigos se dejan llevar en una noche de pasión
Esa noche, en el cuarto de Angel Cruz, las risas se convirtieron en gemidos cuando la tensión entre nosotros ya no pudo contenerse. Como hace días que nos mirábamos de reojo, que las bromas se cargaban de deseo, y que hasta el aire parecía arder entre nosotros, fue imposible fingir más. Angelica Gómez se acercó primero, sus caderas de infarto moviéndose como un imán, y yo no pude evitar morderme el labio al ver cómo sus tetas perfectas se bamboleaban bajo la blusa. Lindsay Castro no se quedó atrás, sus nalgas redondas y duras como melones, y cuando se inclinó para besar a Angel, sentí cómo mi coño se inundó de humedad. La ropa voló en segundos, y entre mordiscos y caricias, las tres terminamos en la cama, piel contra piel, manos por todas partes. Angel me empotró contra el colchón, su polla entrando de una estocada mientras Angelica me chupaba los pezones, sus dedos jugando con mi clítoris hinchado. Los gemidos rebotaban en las paredes, los cuerpos sudorosos chocando al ritmo de nuestros deseos. En más de 19 minutos de escena, no hubo ni un segundo de calma: lamidas profundas, embestidas que me hacían gritar, y dedos que no daban tregua. Cuando llegamos al clímax, las tres temblando y corriéndonos a la vez, lo único que pensé fue en lo bien que se sentía romper las reglas... y saber que esto solo era el principio.