Una princesa de fiesta descubre la polla más grande de la noche
‘¡Dios mío, eso no cabe!’ — grité cuando Akillies Black me agachó y sentí su verga gigante rozando mi entrada. Llegué a la fiesta con un vestido negro ajustado, el culo prieto al aire y el coño ya mojado de solo imaginar lo que vendría. Lo vi a él desde lejos, alto, moreno, con esa mirada de depredador, y supe que tenía que ser mío. Cuando por fin nos enredamos, me puse de rodillas y le bajé los pantalones sin preguntar, lista para chupar esa polla gruesa que me hizo gemir desde el primer trago. Pero lo mejor vino cuando me empotró de perrito, con los dedos clavados en mis caderas y esa verga entrando hasta que sentí el cuello del útero arder. ‘No pares, cabrón, métela toda’ — le rogué mientras él me abría el culo con cada embestida, gruñendo como un animal. No imaginé que esa noche me encontrarían tan mojada, ni que me correría gritando cuando su leche caliente me llenó por completo. ‘La próxima vez no aguantaré tanto’ — me susurró al oído, y yo solo pude reírme, sabiendo que volvería a buscarlo.