Matheus Castro y Ketlen Silva en una venganza llena de lujuria
Un sábado por la tarde, Ketlen Silva cierra la puerta del dormitorio con más fuerza de lo necesario, como si quisiera borrar el recuerdo de algún desgraciado que la hizo sufrir. Se quita la ropa con rabia, dejando al descubierto sus tetas enormes y su culo perfecto marcado con tatuajes que piden atención. Matheus la mira con una sonrisa pícara, sabiendo que ella quiere usar su cuerpo para olvidar a otro hombre. Se acerca y le mete la mano entre las piernas, sintiendo lo mojada que está, antes de empujarla contra la cama. Ketlen gime al sentir cómo él le chupa los pezones mientras sus dedos entran y salen de su coño sin piedad. Matheus no pierde tiempo y la pone a cuatro patas, agarrando ese trasero tatuado con ambas manos para meterla hasta que las caderas chocan. Ella grita, pero no pidiendo que pare, sino que lo haga más fuerte. Le encanta cómo él la usa, cómo la hace sentir deseada y poderosa. Cada embestida es un castigo para quien la lastimó, y cuando él le agarra el pelo y la obliga a mirarlo, Ketlen piensa en lo bien que se siente ser la puta que domina a otro. Matheus se corre dentro de ella con un rugido, llenándole el coño de lefa mientras ella sigue temblando, imaginando la cara de celos de quien la perdió. Al final, solo queda el sonido de sus respiraciones agitadas y el pensamiento de Ketlen: esto es lo que se merecía.