Princesa exótica Rosita Kush se deja empotrar con riesgo de ser pillada
Yo sabía que no debí dejarlo entrar, pero cuando lo vi tocarse la polla gruesa bajo los pantalones, mi coño se mojó al instante. Nos metimos en la habitación de atrás, donde el olor a vainilla de la vela ardía mientras él me apretaba los muslos gruesos y me susurraba al oído que me quería entero de golpe. Cada vez que escuchaba pasos afuera, aguantaba un gemido, pero luego él me mordía el cuello y me hacía olvidar el peligro. Su verga negra entraba y salía de mi chocho apretado con tanta fuerza que las paredes temblaban, y yo tenía que ahogar los gritos metiéndome un cojín entre los dientes. Rosita Kush no pudo controlarse más, el riesgo de que alguien entrara me ponía más caliente, así que le rogué que se corriera adentro. Cuando terminó, él me miró con una sonrisa de satisfacción y me dijo: 'Ahora sí que sabes por qué te busco, mi princesa sucia'.