Elisa Sanches y su amiga me retaron a follar como nunca
El olor a sudor y perfume barato me pegó en la cara cuando las vi bailando, sus cuerpos pegados, las caderas moviéndose al ritmo de la música electrónica. Elisa Sanches, esa diosa de pelo negro y curvas que parten el alma, me miró con una sonrisa pícara y me dijo: '¿Crees que puedes con nosotras, machito?'. Su amiga, Leticia, una casada con un culo que no perdona, se rió y me desafió: 'Demuéstralo si te atreves'. No lo pensé dos veces, las llevé a mi casa y en más de 10 minutos de escena les mostré quién manda. Primero, me arrodillé y le chupé el coño a Elisa, mojado de tanto bailar, mientras Leticia me miraba con los ojos brillantes. Sus gemidos llenaron la habitación cuando le metí los dedos hasta hacerle arquear la espalda. Luego, Leticia se puso de rodillas y me chupó la polla como si fuera un helado derritiéndose, sus labios carnosos tragando cada centímetro. Elisa, ya desnuda, se sentó en mi cara y me montó como una amazona, frotando su coño en mi boca hasta que me ahogué en su humedad. Después, las puse a cuatro patas, una al lado de la otra, y las empotré por turnos, sintiendo cómo sus culos apretados me apretaban la verga. Elisa gritó cuando le di una estocada que le hizo tocar el cuello del útero, sus uñas clavándose en mi espalda. Leticia, la muy puta, me pidió que le llenara el coño de leche, y no me hice de rogar: le solté un chorro espeso que le corrió por los muslos. Al final, las dos quedaron tiradas en la cama, sudadas y jadeantes, mientras Macedo, el cornudo, miraba desde la puerta con la cara roja de vergüenza.