Agatha Mama y su cliente fan en un encuentro ardiente de 11 minutos
—'No me digas que no lo has pensado...' —le susurró Agatha Mama mientras rozaba el muslo de Antony Borges con sus uñas pintadas. Llevaban semanas intercambiando miradas cargadas de deseo cada vez que él pasaba por el estudio, y esa tarde, con la puerta cerrada y el aire acondicionado apagado, la tensión se volvió insoportable. La polla de Antony ya estaba dura bajo sus pantalones cuando ella se inclinó para chupársela con esa boca experta, sus labios carnosos envolviendo el glande hasta hacerle gemir. Agatha se quitó el tanga con un movimiento rápido, dejando al descubierto su coño depilado y brillante de excitación, y se sentó sobre él a horcajadas, empalándose de una estocada hasta que sus caderas chocaron. Antony le agarró las nalgas tatuadas, marcando los dedos en su piel mientras ella cabalgaba con furia, sus tetas perfectas rebotando con cada movimiento. El sonido de la carne golpeando se mezclaba con los gemidos de Agatha, que no paraba de repetir '¡Dame más, cabrón!' hasta que él la volteó para embestirla por detrás, clavándose hasta hacerla gritar. Cuando Antony le llenó el culo de leche, Agatha solo podía pensar en lo bien que se sentía ser deseada así, como una diosa del sexo que domina a sus hombres.