Veronna Ink se entrega a un placer inesperado
Esa tarde en mi cuarto, con la luz tenue y el aire cargado de deseo, Veronna Ink apareció con sus curvas tatuadas y esa sonrisa que prometía pecado. No sabía que bajo esa lencería negra escondía un piercing en el clítoris, algo que me volvió loco al instante. Cuando mis dedos rozaron ese metal caliente, ella gimió como nunca, arqueando la espalda mientras yo hundía mi lengua en su coño mojado. La sorpresa de descubrirlo me hizo perder el control: la empotré contra la pared, clavando mi polla hasta que sus muslos temblaron. Cada embestida era un descubrimiento, cada gemido una revelación de lo que esa mujer guardaba. Cuando le mordí los pezones perforados, ella gritó mi nombre y me apretó las caderas con sus piernas, pidiéndome más. Al final, con su jugo corriendo por mis pelotas, Veronna Ink solo pudo susurrar: "¿Ves lo que te perdiste por no tocarme antes?"