La japonesa sumisa gime cuando le metes la verga hasta las pelotas
Sientes el calor húmedo de su coño apretado envolviendo tu polla mientras la agarras de las caderas y la empujas contra la pared, sus gemidos ahogados en tu hombro cuando le ordenas que no se mueva. La tienes de rodillas, temblando, mientras te la chupa con los ojos llenos de lágrimas, obedeciendo cada palabra que le susurras al oído, su cuerpo arqueándose cuando le das permiso para correrse. Te encanta cómo se retuerce bajo tu peso, cómo suplica 'por favor' entre dientes cuando le metes la mano en el pelo y la obligas a tragarte hasta el fondo, sintiendo cómo su garganta se cierra alrededor de tu verga. El sonido de su respiración entrecortada, el olor a sexo en el aire, la forma en que sus muslos tiemblan cuando la penetras de una estocada, sin dejar nada fuera. La sientes venir antes que tú, sus uñas clavándose en tu espalda mientras te pide permiso para correrse, y solo entonces le permites explotar, sintiendo cómo su coño se aprieta alrededor de tu polla justo antes de vaciarte dentro de ella. Al terminar, ves la marca de tus dedos en su piel, el rastro de tu corrida goteando por sus muslos.