Hijastra asiática reta a su padrastro con ese culo perfecto
Aproveché que estaba distraída antes de ir a la iglesia para demostrarle que no era ninguna santita. Me miró con esos ojos desafiantes mientras se agachaba, mostrando ese culo redondo y apretado que tanto me volvía loco. Le dije que si creía que podía aguantar lo que le iba a dar, y ella, con esa sonrisa pícara, me retó a que le enseñara. No perdí tiempo: le bajé las bragas de un tirón y le clavé los dedos en ese coño ya mojado, gimiendo al sentir cómo se apretaba contra mi mano. Le di la vuelta y la empujé contra la pared, metiéndole la polla de una estocada hasta que sus piernas temblaron. Cada embestida la hacía gritar más fuerte, sus uñas marcándome la espalda mientras me pedía que no parara. La levanté en el aire, empotrándola contra la puerta mientras le follaba ese culo perfecto, sintiendo cómo se contraía alrededor de mi verga. Cuando por fin se corrió, su cuerpo entero se convulsionó y su coño me apretó como un tornillo. La dejé caer sobre la alfombra, con su vestido arrugado y mi leche goteando entre sus muslos.