Rmhardco le come el coño hasta hacerla terminar en su boca
—¡Joder, nunca había sentido esto!— gimió mientras mis dedos se hundían en su piel tensa. Fue entonces que noté cómo su coño palpitaba bajo mis labios, más mojado de lo que esperaba, como si su pulso se acelerara cada vez que mi lengua rozaba su clítoris. Rmhardco siempre había sido experta en ocultar sus gemidos, pero hoy no pudo contenerlos: sus muslos temblaron cuando mi polla rozó su culo, y supe que estaba dispuesta a todo. Metí un dedo, luego otro, sintiendo cómo sus paredes internas se contraían alrededor de ellos mientras ella arqueaba la espalda. —No pares, cabrón, chúpame hasta que me corra— jadeó, y eso fue todo lo que necesité: mi boca se pegó a su sexo como una ventosa hambrienta, chupando cada gota de su jugo dulce. Sus caderas se movieron al ritmo de mis lamidas, y cuando mordí suavemente su clítoris, su cuerpo entero se tensó. —¡Ahí, justo ahí!— gritó, y sentí cómo su corrida caliente llena mi boca, salada y espesa, mientras sus uñas se clavaban en mi espalda. La miré, con sus ojos vidriosos de placer, y sonreí antes de decirle: —¿Ves? Sabía que eras una puta cachonda en secreto.