Prueba de verificación con la vecina que me odia
“¿Crees que no sé que me miras cada vez que paso?”, escupió ella con odio mientras te apretaba la polla con rabia antes de empujarte contra la pared. La tengo tan dura que ni siquiera intenta resistirse, y cuando te agarra las caderas para montarte, sientes cómo su coño apretado te absorbe de golpe, mojado y caliente. Ella odia que otro hombre la folle mejor que el imbécil que la dejó, y por eso se mueve encima de ti con esa furia, mordiéndose los labios para no gemir demasiado fuerte mientras te clava las uñas en los hombros. Te la sacas para mirarle el culo rojo de los golpes, y cuando le das una nalgada, ella arquea la espalda y te pide que se la metas más profundo, hasta hacerle tocar el cuello del útero. Te corres en su cara justo cuando ella está a punto de llegar, y mientras el semen le gotea por las mejillas, piensa en lo cabrón que eres por hacerla sentir tan bien después de todo.