Polla peluda enorme casi eyaculando masturbándose
El chico se agarraba la polla gruesa y peluda con fuerza mientras gemía de placer, la piel se le ponía roja de tanto frotarla. Cada vez que acercaba la mano a la cabeza hinchada, notaba cómo el líquido preseminal le resbalaba por los dedos, dejándolos pegajosos y brillantes. Los músculos de su abdomen se contraían con cada empujón que se daba, imaginando que el puño apretado era otra boca caliente tragándosela entera. Sus gemidos se volvían más roncos, su cuerpo temblaba sin control mientras la polla se ponía morada de la excitación. Sudaba como un animal en celo, la espalda se le arqueaba y los testículos le pesaban cada vez más, llenos a punto de reventar. Con los ojos cerrados, se mordía el labio inferior mientras aceleraba el ritmo, imaginando a alguien más chupándosela hasta dejarla limpia. La punta palpitaba sin parar, la saliva se le acumulaba en la garganta y el olor a sexo inundaba el aire. No faltaba mucho para que se corriera, la polla le temblaba como un animal salvaje y los gemidos se le escapaban entrecortados. Cuando por fin se dejó llevar, un chorro grueso y blanco le brotó de la punta, salpicándole el pecho y la mano mientras seguía masturbándose sin piedad. El último espasmo lo dejó jadeando, la polla aún dura pero ya no tan hinchada, con los restos de leche colgándole en los vellos gruesos. Se limpió con un trapo sucio mientras respiraba como si hubiera corrido un maratón, la polla palpitante y el cuerpo aún vibrando de placer.