Kal-El se deja adorar entre piernas y culito
Desde que el moreno de espalda ancha entró a la suite con ese porte de dios griego, Serena no pudo evitar morderse el labio mientras se le empapaba el tanga de solo imaginarse cómo le recorrería esa polla gigante cada centímetro de su piel sudorosa. Con un gemido que le salió del fondo de la garganta, la rubia se arrodilló frente a él y le lamió los huevos con la lengua bien plana, saboreando el sabor salado de su sudor mezclado con ese aroma a hombre macho que la volvía loca. Mientras le masajeaba las bolas con las yemas de los dedos, le recorrió con la lengua toda la raja del culo, deteniéndose en el agujerito prieto que tanto deseaba probar, dejando unos cuantos besos húmedos que le hicieron estremecer al moreno. Serena no pudo aguantarse más y le agarró la verga por la base, dándole un masaje lento que le arrancó un gruñido gutural mientras le miraba fijamente a los ojos con esa expresión de puta hambrienta que solo él podía excitar. Antes de que Kal-El pudiera reaccionar, la rubia se lanzó a chupársela con fuerza, metiéndose hasta la garganta ese tronco grueso que le llegaba hasta el fondo de la boca, mientras le acariciaba los muslos con las uñas pintadas de rojo. Entre gemidos y babas que le resbalaban por la barbilla, Serena le lamió los pies hasta dejarlos limpios y brillantes, mordisqueándole los dedos uno por uno mientras le susurraba lo bien que le iba a dejar el coño empalado con esa polla monstruosa. Cuando ya no pudo más, se puso a cuatro patas sobre la cama con el culo en pompa, pidiéndole a gritos que la empotrase sin piedad mientras se le escapaban chorritos de jugos por el coño mojado que delataban lo cachonda que estaba. Kal-El no necesitó más invitación: se acercó por detrás, le agarró las caderas con fuerza y le clavó la verga de un solo envite hasta el fondo, haciendo que Serena chillara como una posesa mientras sus tetas rebotaban con cada embestida brutal que le dejaba el coño hecho un trapo. Entre gritos, sudor y olor a sexo caliente, los dos se corrieron al mismo tiempo, él llenándole el vientre con su leche espesa mientras ella se derretía en un orgasmo que le dejó las piernas temblorosas y el coño goteando por los bordes.