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Pagué por empotrar al motoboy y no se negó

11:48 1080P 4 Gay
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El tipo llegó con su uniforme ajustado y la polla ya dura bajo el pantalón negro, pero lo que más me excitó fue ver cómo se lamía los labios al verme desnudarme frente a la puerta. Se acercó sin decir ni una palabra, me agarró de la nuca y me metió la lengua hasta la garganta mientras sus manos me apretaban las nalgas con fuerza para pegarme a su cuerpo, sintiendo cómo su verga gruesa me rozaba el vientre. Le solté el cinturón con manos temblorosas y saqué esa bestia morada que palpitaba lista para reventar, con las venas marcadas como si pidiera a gritos que la chupara o la metiera de una vez por todas. Me arrodillé en el suelo frío del garaje y me la metí entera en la boca, sintiendo el sabor salado de su piel mezclado con el sudor de tanto ejercitarse repartiendo pedidos, mientras él gemía como un animal y me agarraba la cabeza para empujarla más profundo, casi ahogándome con esa verga que parecía no tener fin. Cuando ya no aguanto más, me levantó en peso y me empotró contra la pared, con las piernas enredadas en su cintura y el culo abierto de par en par esperando su brutal embestida, que llegó sin piedad: primero suave, probando, pero al sentir lo mojada que estaba mi entrada, se volvió loco y empezó a darme golpes secos que me hacían gritar con cada empujón, sintiendo cómo su enorme glande me abría por dentro hasta el fondo. Me hizo girar contra la moto aparcada allí mismo y, con un solo movimiento, me abrió las nalgas con las manos y me metió ese rabo gigante de una sola vez, haciéndome aullar de dolor y placer mezclado, mientras él resoplaba como un toro y me embestía con fuerza bruta, sacudiendo todo mi cuerpo contra el manillar. Cuando ya no pudo aguantar más, me sacó la verga de un tirón, me dio la vuelta y me arrodilló de nuevo, esta vez para llenarme la boca con su leche espesa y caliente, que me resbaló por la barbilla mientras él se corría a chorros, gruñendo como si le estuvieran matando, hasta que no quedó ni gota en sus bolas. Me dejó tirado en el suelo, jadeando y con las piernas temblorosas, mientras él se limpiaba con el dorso de la mano y se abrochaba el pantalón con una sonrisa de satisfacción, como si supiera que volvería a pagarle por repetir la escena una y otra vez.

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