La instructora fitness Karneli Bandi se deja llenar de leche en su cara
La luz del atardecer entraba por la ventana, pintando de dorado el suelo de madera mientras el sudor de mi última clase aún me resbalaba por la espalda. Llevaba días notando cómo John Dope me miraba en el gimnasio, sus ojos clavados en mi culo cuando creía que no me daba cuenta, y esa tensión me tenía el coño mojado desde la mañana. Cuando me invitó a su casa, supe que no aguantaría ni cinco minutos antes de que me empotrara contra la pared. En más de 11 minutos de escena, me arrodillé para chuparle la polla hasta que estuvo dura como una roca, sintiendo cómo sus manos me agarraban el pelo mientras gemía sin control. Luego me puso a cuatro patas y me folló de perrito, metiéndomela hasta hacerme tocar el cuello del útero con cada embestida, mientras yo gritaba su nombre y le rogaba que no parara. Cuando se corrió, me llenó la cara entera, la leche espesa resbalándome por los labios y la barbilla, y en ese momento solo pensé en lo bien que me había sentido al dejarme usar como su puta personal.