Vivi Bolt se entrega a una follada salvaje con su amante musculoso
—¿Así quieres que te lo haga?— susurró Vivi Bolt mientras le deslizaba la mano por el pecho sudado. Llevaban días lanzándose miradas furtivas en el gimnasio, donde ella hacía estiramientos y él levantaba pesas con músculos tensos bajo la ropa ajustada. La tensión era insoportable, tanto que esa tarde, cuando él la invitó a dar un masaje, ella sabía exactamente qué quería de ese encuentro. Su coño ya estaba mojado antes de que sus dedos le desabrocharan el pantalón, revelando una polla gruesa que no tardó en hundirse hasta las pelotas entre sus labios. Él le jaló el cabello hacia atrás, obligándola a arquear la espalda mientras le mordía el cuello con fuerza, y ella gimió como una puta en celo cada vez que sus caderas chocaban contra su culo. Con cada embestida, el sonido de la piel golpeando entre gemidos se volvió más intenso, hasta que él, sin avisar, la volteó boca abajo y le abrió las nalgas para deslizarse hasta el fondo de su culo, donde empezó a follarla con movimientos profundos que le arrancaron gritos. Vivi mordió la almohada para ahogar sus gemidos mientras él le apretaba las tetas con una mano y con la otra la agarraba de la garganta, controlando el ritmo hasta que su polla tembló y dejó caer un chorro espeso sobre su espalda. Cuando terminaron, la mancha blanca de su semen brillaba bajo la luz de la lámpara, marcando la piel sudada de Vivi como prueba de esa sesión intensa.