Bigjoe domina a su esposa aburrida y mojada en la cocina
Bigjoe la vio ahí, con esa mirada de puta necesitada, y supo que era el momento perfecto para enseñarle quién manda en esta casa. La agarré del pelo y la empujé contra la nevera, sintiendo cómo su coño ya estaba empapado antes de que siquiera me bajara los pantalones. 'Abre la boca, perra', le ordené, y ella obedeció al instante, chupando mi polla como si le fuera la vida en ello. No le di ni un segundo de descanso, metiéndosela hasta las pelotas mientras gemía como una zorra en celo. Cuando la puse de rodillas, le di unas nalgadas para que abriera más las piernas y le metí los dedos en el culo mientras la follaba por detrás, sintiendo cómo su cuerpo temblaba bajo mi control. '¿Te gusta, puta?', le pregunté, y ella solo pudo asentir, suplicando que no parara. La giré y la empotré contra la encimera, embistiendo su coño mojado con tanta fuerza que los platos se cayeron al suelo. Cada vez que me hundía en ella, sus gemidos se volvían más desesperados, rogando que la dejara correrse. Pero yo no iba a permitirle ese privilegio tan rápido. La hice arrodillarse otra vez y le ordené que me mirara a los ojos mientras me la chupaba, sintiendo cómo su lengua jugaba con mi glande antes de tragarse cada gota de mi leche. Cuando por fin la dejé correrse, su cuerpo se convulsionó de placer, pero lo único que pensaba era en lo mucho que necesitaba ser dominada otra vez.