Isabella se masturba provocándome con su coño depilado
Te dije que me ibas a ver sufrir, zorra, y aquí estás, sentada en esa mecedora con las piernas abiertas, los dedos hundidos en tu conejito rosado y brillante. Desde que te vistes con ese vestido corto que apenas cubre nada, sabías lo que hacías: cada vez que te inclinabas, el escote se abría para mostrarme tus tetitas pequeñas y firmes, esos pezones duros que ahora rozas con la otra mano. Te tiras el pelo rubio hacia atrás mientras gimes, la saliva fluyendo entre tus labios entreabiertos, y yo siento cómo mi polla se endurece al ver cómo te corriste la primera vez, los muslos temblando. Pero esto no es suficiente para ti, ¿verdad? Ahora sacas el vibrador, lo rozas contra tus labios mojados antes de hundirlo entero de golpe, los ojos cerrados mientras arqueas la espalda. Escuchas cómo crujen las cuerdas de la madera, cómo suena tu coño chupando ese juguete, y yo solo quiero arrancártelo para empotrarte contra esa pared, sentir cómo tus uñas se clavan en mi espalda mientras te la meto hasta que grites. Pero no, hoy decides torturarme, moviendo las caderas en círculos lentos, mordiéndote el labio mientras el vibrador te lleva al segundo orgasmo. Mañana no habrá juguetes, solo mi lengua lamiendo cada gota de tu corrida antes de follarte