Tyann Mason se traga una polla enorme en un cuarto con riesgo de ser pillados
—Cállate, que alguien puede entrar— susurró Tyann Mason mientras se arrodillaba frente a Jarred, su polla ya dura como una roca. La rubia sabía que el marido de su amiga podía volver en cualquier momento, pero no podía resistirse a chupar esa verga gruesa hasta dejarla brillante de saliva. Jarred le agarró el pelo con fuerza, empujando su cara hacia adelante hasta que la polla desapareció entre sus labios, el sonido de sus gemidos ahogados mezclándose con el crujir de la cama. Tyann sentía el calor del miembro hinchado en su garganta, los dedos de él marcando su cuello mientras la obligaba a tragársela entera, sin dejar ni un centímetro fuera. Las paredes del cuarto eran finas, y cada vez que Jarred gruñía, ella contenía la respiración, escuchando si alguien subía las escaleras. El sudor le caía por la espalda mientras Jarred la levantaba de golpe, tirándola sobre la cama y abriéndole las piernas de una patada. Su coño ya estaba empapado, los labios rosados brillando bajo la luz tenue, y él no perdió tiempo en enterrarse hasta las pelotas de una sola estocada, haciendo que Tyann mordiera la almohada para no gritar. Cada embestida la acercaba más al borde, los testículos de Jarred golpeando su culo con fuerza, el sonido húmedo de sus cuerpos chocando ahogado por sus respiraciones entrecortadas. Ella lo miraba con los ojos vidriosos, sabiendo que en cualquier momento podrían descubrirlos, pero eso solo la excitaba más. Jarred le tapó la boca con una mano mientras se corría dentro de ella, el semen caliente llenándola hasta rebosar, y Tyann tragó saliva al sentir el líquido espeso escurriéndose por sus muslos. Cuando todo terminó, la puerta del cuarto seguía cerrada, pero en el suelo quedó un rastro de semen seco sobre la alfombra.