Motorista empotrando a una rubia en la cocina de su casa
El olor a gasolina en su chaqueta de cuero te excita mientras la empujas contra la nevera, sintiendo cómo sus uñas se clavan en tus hombros cuando te agachas para morderle el cuello. Escuchas el crujido de sus tacones al caer al suelo, pero no puedes parar de meterle la polla hasta las pelotas, sintiendo cómo su coño se aprieta cada vez que pasan coches por la calle y temes que alguien los oiga. Sus gemidos ahogados en tu boca te vuelven loco, y cuando la levantas en el aire para clavársela de pie, sus piernas tiemblan alrededor de tu cintura mientras te clava los talones en el culo. El sudor te cae sobre sus tetas cuando la empotras contra la encimera, y escuchas el sonido de los platos temblando en el estante, pero no te importa porque solo quieres correrte dentro de ella. Sus gritos se vuelven más fuertes cuando te la sacas para correrte sobre su culo, marcándola con tu leche mientras ella se agarra a la mesa, jadeando. Al terminar, ves el rastro de tu semen en su piel y el vestido arrugado en el suelo, prueba de lo que acabas de hacer.