La dominatrix Katebran humilla con sus grandes tetas y su boca experta
El crujir de los tacones de aguja resonaba en el pasillo antes de que ella entrara, con el aroma a perfume caro mezclándose con el sudor de quien ya sabía lo que venía. Katebran, la milf tatuada de curvas infartantes, llevaba semanas mandando selfies en tanga a su esclavo, rozando sus labios carnosos contra el lente para volverlo loco. Hoy decidió acabar con el juego: dejó caer su chaqueta al suelo, mostrando sus pechos firmes y pesados, los pezones duros como piedras, mientras le ordenaba ponerse de rodillas. La polla del chico saltó al instante, pero ella solo sonrió, acariciándose los pezones con lentitud mientras le decía '¿Ves cómo tiemblas? Tu boca es mi propiedad'. El primer contacto fue eléctrico: sus labios carnosos envolvieron el glande, chupando con fuerza hasta hacerle gemir, pero ella se retiraba cada vez que él intentaba moverse. 'Quieto', ordenó, mientras su lengua trazaba círculos alrededor del tronco, sintiendo como la piel se tensaba. Sus uñas largos arañaban los muslos del chico, marcando la piel mientras lo obligaba a mantener las manos atrás. 'Quiero sentir cómo te deshaces solo con mi boca', murmuró antes de tragárselo hasta las pelotas, succionando con tal intensidad que los ojos del chico se nublaron. Cuando estuvo al límite, ella se apartó, dejando una gota de saliva colgando del labio inferior. '¿Ya?', se burló, 'Aún no he terminado contigo'. Con un movimiento rápido, lo empujó contra el sofá, montándolo a horcajadas mientras sus grandes tetas rebotaban frente a su cara. 'Chúpame los pezones', le ordenó, tirando de su pelo para guiarlo. El chico obedeció, lamiendo con desesperación mientras ella se frotaba contra su polla, mojando el tronco con sus fluids. 'Así, putito', gimió ella, 'Hazme sentir tu lengua'. Cuando ya no pudo más, se levantó y lo empotró contra la pared, clavándose hasta que sus caderas chocaron con fuerza. 'Córrete', jadeó, 'pero solo cuando yo te lo diga'. El chico no duró ni diez segundos, explotando dentro de ella con un gruñido que la hizo reír. 'Patético', susurró, 'pero no te preocupes... la próxima vez durarás más'.