Gcentbestie se deja empotrar por un monstruo de polla en escena casera
La habitación estaba en penumbra, con la luz de la tarde filtrándose por las cortinas medio cerradas, cuando él entró con esa sonrisa que prometía pecado. Ella, Gcentbestie, ya lo esperaba con las piernas abiertas, el coño brillando de lo mojada que estaba, sabiendo que esto estaba mal pero sin poder evitarlo. Él no perdió el tiempo: se bajó los pantalones de un tirón y dejó al descubierto una polla enorme, gruesa, que hizo que ella contuviera el aliento. 'No deberíamos', murmuró ella, pero sus manos ya lo agarraban con desesperación, guiándolo hacia su entrada. Él no se hizo rogar: de una estocada la penetró hasta las pelotas, arrancándole un gemido que resonó en toda la habitación. Ella arqueó la espalda, clavando las uñas en su culo mientras él la embestía sin piedad, cada movimiento haciendo que sus tetas rebotaran con fuerza. 'Más duro', suplicó, y él obedeció, ajustando el ángulo para que cada empujón rozara su punto G. Los sonidos de la carne golpeando contra carne se mezclaban con sus jadeos, con el crujir de la cama bajo ellos. En más de 10 minutos de escena, él no aflojó el ritmo, sintiendo cómo su polla se hinchaba cada vez más dentro de ella. Cuando por fin se corrió, fue con un gruñido gutural, llenándola hasta que el semen le escurrió por los muslos. Ella, con la respiración agitada y el corazón latiendo a mil, solo podía pensar en lo prohibido que había sido todo, en cómo ese placer no debería sentirse tan bien pero lo era, y en que, a pesar de todo, ya quería repetir.