Follando el culo de esta zorra que me traicionó
—Te va a encantar cómo me lo meto, maldito— le susurraste al oído mientras la agarrabas del pelo, obligándola a mirarte. Sabías que esto era por venganza, por el otro tipo que se la había follado antes, y ahora ibas a marcarla como tuya. La empujaste contra la pared, le bajaste el pantalón de un tirón y le clavaste los dedos en el culo, sintiendo cómo se estremecía al contacto. Su coño ya estaba mojado, pero no te importaba, hoy era el turno de su agujero trasero. Le escupiste en el ano y metiste un dedo, luego otro, hasta que gimió fuerte, retorciéndose contra tu mano. La volteaste de golpe, la hiciste arrodillarse y le metiste la polla en la boca, sintiendo cómo te la chupaba con rabia, como si quisiera borrar el sabor de él. Pero no había escapatoria, te la ibas a coger hasta que gritara tu nombre. La pusiste a cuatro patas, le abríste las nalgas y le metiste la verga de una estocada, sintiendo cómo su culo apretado te envolvía. Empezaste a embestirla con fuerza, escuchando sus gemidos ahogados, sus manos aferrándose a las sábanas. Cada vez que le dabas más duro, ella gemía más fuerte, y eso solo te encendía más. Le agarraste las caderas y te la follaste sin piedad, sintiendo cómo su culo se ajustaba a tu polla, cómo se contraía alrededor de ti. Le metiste los dedos en el coño mientras la empotrabas, sintiendo cómo se mojaba más con cada embestida. Sabías que estaba cerca, que iba a correrse, pero no te detuviste, seguiste hasta que su cuerpo tembló y su culo se apretó alrededor de tu verga. Y entonces te corristes dentro de ella, llenándola hasta que no pudo más, hasta que su cuerpo se desplomó bajo el tuyo.