Rosebrutal en una follada salvaje sin control
Desde hace días no dejaba de mirarla con esa mirada de hambre, rozando su cuerpo cada vez que pasaba cerca, sintiendo cómo mi polla se ponía dura bajo los pantalones mientras ella se mordía los labios. La tensión era insoportable, los roces casuais en la cocina, sus suspiros cuando me acercaba, hasta que una noche ya no pude aguantar más. La empujé contra la pared, mordí su cuello mientras le arrancaba la ropa, sintiendo su coño ya mojado antes de que siquiera entrara en ella. Mi polla estaba a punto de estallar, pero no quería correrme rápido, así que la levanté y la empotrré contra el sofá, clavándosela de una estocada que la hizo gritar. Sus tetas rebotaban con cada embestida, sus uñas me marcaban la espalda mientras gemía sin parar, pidiéndome que no parara. La giré de golpe, empujándola sobre la mesa, y le metí los dedos mientras la follaba por detrás, sintiendo cómo su culo apretaba mi verga. Cuando ya no pude más, le di la vuelta, la hice arrodillarse y me corrí en su cara, pintándole la boca de leche mientras ella se lamía los labios. Al terminar, solo quedaba el olor a sexo en el aire y su ropa tirada en el suelo.