Deja que te revuelva el pelo a cachetadas
Desde que la vi pasar por la calle con ese vestido ajustado que se le pegaba al culo como una segunda piel, supe que no podía resistirme. Me acerqué con la excusa de preguntarle algo del vecindario, pero en realidad solo quería ver cómo se le movían las tetas al caminar. Ella notó mi mirada fija en su escote y, en vez de apartarse, se mordió el labio inferior con esa sonrisa de puta que sabe que me va a volver loco. Le dije que tenía el pelo perfecto para que le diera un par de tirones bien fuertes mientras me la empotraba contra la pared del callejón. Antes de que pudiera reaccionar, le agarré el pelo con fuerza y tiré de él hacia atrás mientras le susurraba al oído lo linda que estaba cuando gemía. Se le escapó un quejido cuando le bajé el vestido y le mordisqueé los pezones duros como piedras, sintiendo cómo se le humedecía el coño contra mi polla dura que le apretaba el vientre. La puse contra el coche, le levanté la falda y le arranqué el tanga de un tirón porque no podía esperar ni un segundo más para sentir su carne caliente abrazándome. Me la follé a cuatro patas sobre el capó, sintiendo cómo su culo redondo me golpeaba las caderas con cada embestida profunda que le daba, mientras ella gritaba que no podía más pero me pedía que siguiera con voz ahogada. Los golpes del pelo contra mi mano y el sonido húmedo de nuestros cuerpos chorreando sudor y lubricación me llevaron al límite, así que le agarré la cabeza con las dos manos y le metí la polla hasta la garganta mientras me corría con fuerza, llenándole la boca de leche espesa que tragó sin dudar mientras seguía moviendo las caderas contra mi cuerpo tembloroso.