Vecina exhibicionista se masturba con las cortinas abiertas
Llevaba días observándola desde la ventana del baño mientras se cambiaba de ropa, pero hoy no tuvo suficiente con mirarla... la muy putita se sentó en el borde del sofá con las piernas bien abiertas, los muslos temblorosos y el coño ya brillando entre los labios hinchados. Con los dedos resbaladizos de su propio jugo empezó a acariciarse el clítoris hinchado mientras se mordía el labio inferior, gimiendo tan fuerte que los vecinos del tercero seguro que la escucharon sin problema. La cámara captó cómo sus tetas rebotaban con cada movimiento brusco de su mano, mientras sus caderas se movían al ritmo de sus propios dedos metidos hasta el fondo, empapando la tela del sofá de sus propios fluidos. Desde la cocina, él no podía apartar la vista de aquel espectáculo obsceno: la polla se le puso dura al instante al ver cómo la morena se corría en seco, con los muslos apretados contra su cara imaginaria y los gritos ahogados en un gemido prolongado. La vecina no se cortó ni un pelo, se quitó la camiseta dejando al descubierto unos pezones duros como piedras y siguió frotándose el coño mojado hasta que un espasmo la recorrió entera, dejando un charco de leche femenina sobre el mueble del salón. El sonido húmedo de sus dedos moviéndose a toda velocidad mezclado con los quejidos de placer era música para sus oídos, y no tardó en bajarse los pantalones para aliviar la tensión que le quemaba las entrañas. Ella, al sentir su presencia, abrió más las piernas y le hizo un gesto obsceno con la mano, invitándolo a unirse al espectáculo sin necesidad de palabras. La piel le ardía de ganas de sentir ese coño palpitante alrededor de su verga, pero prefirió quedarse quieto, disfrutando del show gratis que la muy zorra le estaba ofreciendo sin pudor. Cuando por fin se corrió, lo hizo con un chorro grueso que le resbaló por los dedos y le dejó la mano completamente empapada, sin importarle lo más mínimo que la vieran los de la calle.