Vecino hambriento me agarró y me folló como una puta
El vecino llegó con cara de hambre, pero no era comida lo que quería. Apenas entramos, me empujó contra la pared y me besó con fuerza, metiendo su lengua hasta el fondo de mi boca. Sus manos grandes me apretaron el culo mientras yo gemía, sintiendo cómo su polla dura se frotaba contra mi tanga. Me arrancó la ropa con desesperación, dejando mis tetas al aire mientras él se bajaba los pantalones, mostrando una verga gruesa y venosa que ya goteaba. Me dio vuelta y me puso a cuatro patas, metiendo sus dedos en mi coño mojado antes de clavarme su polla hasta el fondo. Cada embestida era más fuerte, haciendo que mis tetas rebotaran y mis gritos llenaran la habitación. El sonido de su cuerpo chocando contra el mío era música para mis oídos, y cuando empezó a azotarme el culo, supe que no aguantaría mucho más. Me corrió dentro, llenándome con su leche caliente mientras yo me retorcía de placer, sintiendo cómo su semen me escurría por los muslos. Después, nos quedamos tirados en el suelo, jadeando y sudando, con su polla aún dura entre mis piernas.