La esposa mojada interrumpe el juego de billar con su coño
Él estaba concentrado en su juego de billar, la bola blanca rodando suave sobre el paño verde, cuando de repente sintió unas manos cálidas deslizándose por su espalda. Era su esposa, con esa mirada traviesa que solo tenía cuando quería algo más que un simple beso. Sin decir nada, se arrodilló frente a él, sus dedos ágiles desabrochando el pantalón con una sonrisa pícara. Su polla ya estaba dura, palpitando de anticipación, y ella no perdió tiempo en envolverla con sus labios carnosos, chupando con fuerza mientras sus uñas rozaban suavemente sus bolas. Él gimió fuerte, las manos enterradas en su pelo, sintiendo cómo su lengua jugaba con el glande antes de tragarla hasta el fondo. Pero ella no se detuvo ahí: se levantó, empujándolo contra la mesa de billar, y se subió sobre él, su coño bien mojado frotándose contra su verga. Con un movimiento rápido, se la clavó hasta el fondo, sus tetas rebotando con cada embestida mientras él la agarraba del culo, apretando sus nalgas firmes. Ella gemía como una puta, su coño apretado chorreando de excitación, y él no aguantó más: la empujó contra la pared, levantando una pierna para meterla más profundo, sintiendo cómo su polla golpeaba su punto G. Cuando ella gritó de placer, él supo que era el momento: la llenó de leche caliente, corriéndose dentro de su coño mientras ella temblaba de éxtasis. Se quedaron así un momento, jadeando, antes de que ella le susurrara al oído: '¿Volvemos a jugar?', pero esta vez, él sabía que el premio sería mucho más dulce.