Esposa turca embarazada se excita al ser empotrada en la cocina
Llevaba meses viendo cómo su barriga redonda se movía al caminar, pero hoy su coño estaba más mojado que nunca cuando él le arrancó el velo de golpe y la empujó contra la mesa de la cocina. Entre susurros en turco y el sonido de su polla rozando el algodón ajustado de su tanga, ella gimió fuerte al sentirlo frotarse contra su raja sin piedad. La embarazada no pudo evitar arquear la espalda cuando él le agarró los pechos llenos, apretándolos con fuerza mientras su aliento caliente le quemaba la oreja. Las piernas le temblaban de anticipación al escuchar el crujido del preservativo al abrirse, pero él no se molestó en ponérselo: solo quería sentir su coño apretado sin barreras, su leche maternal mezclándose con su corrida espesa. Con un empujón brutal, la penetró de una sola vez hasta el fondo, haciendo que ella chillara y sus uñas se clavaran en el borde de la mesa de madera. Cada embestida sacudía su vientre prominente, y él no podía apartar la vista de cómo su polla gruesa desaparecía entre sus labios hinchados una y otra vez. Ella jadeaba entre gemidos guturales, con la boca abierta buscando aire mientras él le azotaba el culo con la mano abierta, dejando marcas rojas que contrastaban con su piel morena. La embarazada se corrió sin control, empapando la entrepierna de su vestido hasta dejarlo pegajoso, pero él no se detuvo: siguió empotrandola con saña hasta que ella sintió su leche caliente inundarle el útero, mezclándose con la suya propia en un remolino de placer prohibido. Cuando por fin se separaron, él le lamió los labios hinchados mientras le susurraba al oído que nunca más se pondría el maldito velo en casa... ni cuando estuviera sola.