Follada salvaje con la putita de la familia y corrida en el culo
La habitación estaba en penumbra, con la puerta entreabierta y los sonidos de la casa de fondo: alguien en la cocina, el televisor encendido en otra habitación. Adoisprivex se mordía el labio mientras se arrodillaba frente a su polla dura, chupándola con ansia, los ojos clavados en la puerta por si alguien entraba. Él le agarraba el pelo, empujando su cara más adentro, sintiendo cómo su garganta se ajustaba a cada centímetro. La mojigata gemía ahogadamente, las tetas grandes rebotando con cada movimiento, la saliva escurriéndose por su barbilla. De pronto, un ruido en el pasillo los hizo congelarse: ¿era el padre? ¿El hermano? Ella se levantó rápido, tirando de él hacia la cama, donde la empotraron en cuatro, el culo redondo y blanco temblando con cada embestida. Él le mordía el hombro para ahogar sus gritos, sintiendo cómo su coño apretado lo envolvía hasta las pelotas. El sudor les resbalaba, los cuerpos chocando con fuerza, los muelles de la cama chirriando. Cuando él le dio la vuelta para correrse en su cara, ella abrió la boca obediente, tragando hasta la última gota. Afuera, alguien pasó frente a la puerta, pero ya era tarde: la escena había terminado, dejando solo el eco de sus respiraciones agitadas y el miedo a ser descubiertos.