Annie se deja empotrar sin ropa en cosplay
Llevaba un disfraz de colegiala ajustado que dejaba poco a la imaginación, con esa falda corta que apenas tapaba el culito prieto y la blusa transparente que marcaba unos pechos redondos y apetitosos. Él no pudo resistirse cuando la vio pasar por la puerta con esa mirada pícara que le lanzó, mordiéndose el labio mientras le agarraba el culo con fuerza para pegarla contra la pared del pasillo. De un tirón le arrancó la ropa interior, dejando al descubierto un coño ya bien mojado que goteaba por la excitación, listo para ser devorado. Ella gruñó al sentir cómo su verga grande y gruesa se clavaba en su entrada sin piedad, empalándola con embestidas profundas que le hacían temblar las piernas. Cada golpe seco entre sus muslos resonaba en la habitación, mezclado con los gritos ahogados de Annie mientras él le agarraba las tetas por detrás y le exigía más. La polla se hundía una y otra vez en ese culo apretado que le chupaba como un guante, sintiendo cómo el calor húmedo de su sexo lo envolvía por completo. El sonido de carne contra carne llenaba el aire cuando él la levantó del suelo, apoyando sus pies en el sofá para clavarla con más fuerza, haciendo que los pechos le rebotaran con cada embestida brutal. Las gotas de sudor le caían por la espalda mientras él la follaba como una perra en celo, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de su miembro al borde del orgasmo. Cuando por fin se corrió, fue con un gemido gutural que le salió desde lo más profundo del pecho, inundando su interior con chorros calientes que la dejaron temblando y completamente rendida en el suelo. La polla, aún dura, le escurría los restos de leche por la pierna mientras él la dejaba ahí, jadeando y con las piernas abiertas, completamente satisfecho por haberla dejado empotrada hasta el fondo como a ella tanto le gustaba.