Emma Brooks se luce con un polvo casero de ensueño
Él no podía quitarle los ojos de encima desde que ella entró al cuarto, contoneando ese culo perfecto envuelto en lencería negra que apenas contenía sus tetas enormes. Emma Brooks, esa diosa de pelo castaño y cuerpo curvilíneo, llevaba días provocándolo: fotos en bikini, roces "accidentales" en la cocina, miradas largas bajo la ducha. Hoy no se detuvo hasta que él estalló. Se arrodilla frente a su polla dura, la chupa despacio, dejando caer la saliva sobre el glande antes de engullirla entera. Él le agarra la cabeza y empieza a embestir su garganta, sintiendo cómo el calor de su boca lo envuelve. Emma gime ahogada, pero no se aleja, dejando que las lágrimas le corran mientras lo traga como una profesional. Lo monta a horcajadas, haciéndolo sentir cada centímetro de su coño apretado, rebotando sobre él hasta que los golpes secos de sus caderas resuenan en la habitación. Se corre con un gemido gutural, arqueando la espalda mientras su leche le cubre los pechos. Ahora mismo, con el cuerpo temblando y la mente en blanco, solo piensa en cuánto lo disfrutó hacerle perder la cabeza.