Derek y Tony se reencuentran con pollas duras y culos hambrientos
Mordiéndose los labios, Derek desliza sus dedos por los tatuajes de Tony mientras la tensión de días acumulada estalla en un gemido ahogado. Las miradas furtivas en el bar, los roces "accidentales" en la discoteca, las conversaciones que nunca terminaban de decir lo que ambos querían... ahora, con las camisas tiradas en el suelo, no hay más excusas. Tony se arrodilla y chupa la polla de Derek con la boca bien abierta, tragando hasta que las venas de su verga gruesa le rozan la garganta. Derek gruñe y le agarra el pelo, empujando más adentro, sintiendo cómo el culo de Tony se aprieta contra su mano cuando le mete dos dedos sin avisar. El pasivo gime y se retuerce, pero no se queja: quiere que le rompan el culo de una vez. Derek lo gira contra la pared, le separa las nalgas y clava su polla entera de golpe, haciendo que Tony muerda el cojín para ahogar un grito. Cada embestida lo hunde más, hasta que las caderas chocan con fuerza y el sonido de carne golpeando carne llena la habitación. Tony se masturba frenéticamente, pero Derek le aparta la mano: "No te corras hasta que te lo diga", ordena antes de sacarla y correrse en su espalda, dibujando surcos blancos sobre los tatuajes. Tony jadea, aún temblando, y Derek le susurra al oído: "¿Así querías que fuera, putita?", mientras su polla sigue latiendo contra el culo recién follado.