Assilille se monta en la polla de su súbdito hasta reventarle
El olor a cuero de mis botas impregnaba el aire cuando entré, listo para humillar a otro de estos perros que cree que puede aguantar lo que le hago pasar. Vi cómo el muy estúpido se arrodilló temblando, con su polla ya dura sin que ni siquiera la tocase, sabiendo que no vale nada más que para mi placer. Me senté en su cara y le ordené que me lamiera el coño mientras le grababa para el vídeo, sintiendo sus gemidos ahogados contra mi carne mojada, suplicando entre mordiscos que le dejara respirar. Pero no soy piadosa, así que le azoté con el látigo hasta que su polla palpitó contra mi culo, entonces me levanté y lo obligué a comérmela de rodillas, tragándose cada gota de mi crema mientras le escupía en la cara. No aguantó ni dos minutos antes de correrse sin permiso, y eso me encantó, porque así aprende su lugar: un desecho que existe solo para servirme. Cuando me bajé de él, lo miré con desprecio y le dije: «Si vuelves a eyacular sin mi orden, te arranco la polla a mordiscos»