Tetas grandes arden cuando le meten el culo por detrás
Ariel llegó a la casa de sus padres con ese culazo que le rebota cada vez que camina y esos pechos que parecen a punto de reventar la blusa ajustada que lleva puesta. El tipo que la recibió, un macho de verdad con una verga que parecía de toro, no pudo evitar quedarse con la boca abierta al ver cómo se le marcaban los pezones duros bajo la tela. Sin decir ni una palabra, él la agarró de la cintura, la empujó contra la pared del pasillo y le arrancó el tanga de un tirón mientras le susurra al oído que su culo estaba hecho para ser empalado. Ariel, lejos de asustarse, soltó un gemido ronco y se agachó para chupar esa polla gruesa como si llevara años soñando con ese momento. Él, al sentir su lengua caliente recorriendo el tronco desde la base hasta la punta, no pudo aguantarse más y la levantó en vilo para clavársela por el coño empapado antes de girarla de golpe y enterrársela hasta el fondo en el culo prieto y tembloroso. Cada embestida hacía que sus tetas gigantes bailotearan sin control mientras ella gritaba de placer mezclado con dolor, con los dedos clavados en la pared y las uñas rasgando la pintura. Él la agarró de los pelos, le echó la cabeza hacia atrás y le escupió en el culo antes de clavársela de nuevo con un sonido húmedo y sucio que resonaba en todo el pasillo. Ariel se corrió dos veces seguidas, primero con un chorro de leche espesa en la boca y luego con un espasmo en el culo que lo apretó con tanta fuerza que casi lo ahoga. Cuando él se descargó dentro de su culo, ella sintió cómo se le llenaba el recto de semen caliente mientras él gruñía como un animal satisfecho. La escena terminó con Ariel tirada en el suelo, con las piernas abiertas y el coño chorreando, mientras él se limpiaba la polla con su tanga arrancado y le decía que la próxima vez la quería con las tetas libres para poder amasarlas mientras le follaba el culo hasta dejarla sin voz.