Puta joven pierde el culo en apuesta y acaba empalada
La rubia de tetas pequeñas y culo prieto entró en el vagón con una sonrisa de oreja a oreja, pero llevaba algo más que lujuria en los ojos: un par de dados cargados de maldad. El muy cabrón del tipo ese le propuso una apuesta sin pestañear: si perdía, se dejaría meterla por el culo en el primer asiento que encontrara. Ella, con esa cara de ángel pervertido y el coño ya chorreando de solo pensarlo, aceptó sin dudar. En cuanto el tren arrancó, él la empujó contra el respaldo del asiento, le bajó el pantalón ajustado hasta dejarle el culo al aire y le escupió en el agujero para que se le abriera bien. La muy zorra gimió fuerte cuando sintió la cabeza de su polla gruesa rozándole el esfínter, pero no opuso resistencia: al contrario, se agachó más, empujando su culo hacia atrás como si llevara años esperando este momento. Él no se hizo rogar, la agarró de las caderas con fuerza y se la clavó de golpe hasta las pelotas, haciéndola gritar de placer y dolor mientras sus tetas pequeñas rebotaban sin control. La mano le temblaba de lo excitado que estaba, así que le dio una palmada en el culo que sonó como un latigazo, dejando marca roja en esa piel blanca y suave. Ella no paraba de gemir, con los labios entreabiertos y la saliva resbalándole por la barbilla mientras él la empotraba sin piedad, metiéndosela cada vez más hondo hasta que notó cómo le temblaban las piernas. El vagón entero crujía con cada embestida, el sonido húmedo de sus cuerpos chocando se mezclaba con los jadeos y los suspiros de ella, que no podía creer lo bien que le estaba quedando el plan. Cuando él sintió que el orgasmo le subía por la espalda, le agarró la cabeza y se la llevó a la boca para besarla con fuerza mientras le llenaba el culo a chorros, dejándola tan satisfecha que hasta se le olvidó que acababa de perder una apuesta. La muy sinvergüenza se limpió los restos de corrida de la boca con el dorso de la mano y le sonrió, pidiéndole que le diera más duro la próxima vez.