Juliana se deja empotrar el culo virgen bien apretado
Estaba cerrando la puerta de mi cuarto cuando escuché el susurro de Juliana pidiéndome que le rompiera el culo. No me lo pensé dos veces, la empujé contra la pared y empecé a sobarle las nalgas con fuerza, sintiendo lo caliente que ya estaba. Su coñito chorreaba pero ella solo gemía 'quiero que me lo metas por el culo, papá', mientras miraba hacia el pasillo como si en cualquier momento pudiera entrar su hermano menor. Le bajé los jeans hasta los tobillos y le separé las nalgas con las manos, viendo cómo su ojete rosado se contraía nervioso. 'Abre esa boquita, preciosa, que te voy a rellenar de verga', le dije al oído mientras me lubricaba la polla y la colocaba en su entrada. De una estocada se la clavé hasta hacerle arquear la espalda, su culo virgen apretándome como un tornillo. Juliana mordía la almohada para no gritar, pero cada vez que la penetraba más fondo se le escapaban gemidos ahogados. Las piernas le temblaban y sus uñas se hundían en mi piel, pero yo no paraba, embistiéndola contra el colchón con los sonidos húmedos de mi polla entrando y saliendo de su ano. En un momento me detuve, escuchando el crujir de la madera en el pasillo, pero Juliana solo me susurró 'no pares, métemela más duro', mientras su culo se movía hacia atrás buscando más. Agarrándole las caderas, la levanté a cuatro patas y seguí rompiéndola, sintiendo cómo su esfínter se aflojaba para recibirme cada vez más adentro. Cuando por fin me corrí, llenándole el culo con mi leche caliente, Juliana se desplomó en el colchón, jadeando con mi verga aún enterrada en su ano. La puerta del cuarto quedó abierta, y un chorrito de saliva reseca brillaba en su labio inferior.