Le chupo el culo a mi tía madura bien duro
La tía llevaba años coqueteándome con esos ojos de puta viciosa cada vez que pasábamos en el gimnasio, hasta que hoy se me insinuó sin pudor frente al espejo de los vestidores. Me acerqué con la polla ya tiesa pensando en lo cachonda que se pondría al sentirme cerca, y cuando le pasé la mano por ese culo prieto que se marca en su leggin ajustado, soltó un gemido que me dejó más duro que un fierro. Sin perder tiempo le bajé el pantalón del chándal y le metí la lengua en el culo, lamiendo ese agujero prieto que olía a sudor y a hembra excitada mientras ella se agarraba a la pared con los dedos blancos de tanto apretar. La tía no tardó en empujarme la cabeza contra su nalga, pidiendo más con esos quejidos que le salían de la garganta, así que le escupí en el culo para prepararla y le metí dos dedos mojados mientras seguía lamiéndole el agujero, sintiendo cómo se le ponía la piel de gallina y el coño le goteaba por las piernas. Cuando ya estuvo bien abierta, la puse de perrito contra el banco de pesas, con ese culo redondo y firme que le temblaba de anticipación, y le clavé la polla hasta el fondo sin piedad, escuchando cómo se le escapaba un aullido de puta satisfecha mientras las embestidas le hacían botar las tetas blandas contra el cuero del banco. Le agarré las caderas con fuerza y la empalé sin freno, sintiendo cómo su culo caliente me chupaba la verga hasta dejarla limpia, mientras ella se corría gritando mi nombre y regando el cuero con su leche espesa. Después de sacármela de su culo bien follado, la tía se dio la vuelta, me agarró la polla aún temblorosa y se la metió en la boca para limpiarme hasta la última gota, chupándome con esa lengua experta que le enseñó a follar de joven. La dejé más satisfecha que una perra en celo, con el coño hecho un trapo y el culo rojo y brillante por el abuso, mientras yo me vestía sabiendo que mañana volvería a buscarme con esos ojos de zorra ansiosa.