Enfermeras del turno noche se folian con culos bien abiertos
Llevaban semanas con ganas de que sus manos se enredaran en carne ajena después de tanto curro en el hospital... esa noche, con las batas puestas y las bragas empapadas, Eva y Summer no pudieron resistirse más. Summer se arrodilló primero, le abrió el culo a Eva con las manos y se lo metió hasta la garganta, ahogándose con los gemidos que le salían del fondo de la garganta mientras la verga le llegaba hasta el estómago. Eva, con los pezones duros como piedras, le agarró la cabeza y se la empotró sin piedad, sintiendo cómo su coño se le humedecía cada vez que Summer tragaba con fuerza. Cuando por fin la soltó, Summer se puso a cuatro patas, ofreciéndole el culo bien prieto y untado con aceite, rogándole que la reventara como a una zorra en celo. Eva no necesitó más incentivo: se le clavó hasta la raíz sin avisar, arrancándole un aullido que resonó en todo el pasillo del hospital, donde nadie las podía escuchar a esas horas de la madrugada. Summer se mordía los labios para no gritar, pero sus tetas rebotaban con cada embestida tan fuerte que casi se le caen las tetas postizas que llevaba puestas para el curro. Eva no paró hasta que notó cómo el culo de Summer se le cerraba como un puño alrededor de su polla, anunciándole que se venía dentro con un gruñido animal, llenándole las entrañas de leche caliente mientras la otra puta se corría sobre las sábanas de la camilla, con los muslos temblorosos y el coño chorreando como un grifo roto. Se quedaron tiradas en el suelo, sudorosas y satisfechas, sabiendo que al día siguiente tendrían que fingir que no se conocían... pero esa noche ya no importaba nada más que el placer sucio y prohibido que acababan de vivir.