La colombiana se abre el culo a la primera
La morena recién cumplió los dieciocho pero ya le encanta que le empotren el culo bien duro, y esa noche no iba a ser la excepción. Llegó con el tanga empapado de jugos que le chorreaban por los muslos, oliendo a coño caliente y a lubricante barato que se había untado antes de que él tocara la puerta. Él ni siquiera tuvo que pedirlo: ella se bajó el short de un tirón, se agachó sobre la mesa de la sala con las nalgas bien abiertas y le suplicó con gemidos que le metiera la polla hasta el fondo. La primera embestida la hizo gritar como una perra en celo, sintiendo cómo el tronco grueso le estiraba el esfínter hasta casi romperla, pero el dolor solo le excitó más y empezó a mover las caderas como loca para que no parara. Él le agarró los pechos desde atrás, le mordió el hombro y le escupió en el culo para que entrara más fácil, mientras ella se masturbaba el clítoris con los dedos para aguantar el placer que le quemaba por dentro. La penetración anal le sacó unos pedos vergonzosos que a él le volvieron loco, y cada vez que soltaba uno ella se reía como una histérica mientras seguía recibiendo embestidas brutales que le hacían chorrear por las piernas. Cuando ya no pudo más, él la levantó en volandas, la tiró sobre el sofá y se la folló en posición de vaquera hasta que ella se corrió gritando su nombre, con la espalda arqueada y los músculos del culo bien marcados alrededor de la verga. Él no se contuvo y le descargó una leche espesa en el recto, llenándole las entrañas hasta que empezó a gotearle por el culo cuando se quitó, dejándole las nalgas pegajosas y el coño más mojado que nunca. La colombiana quedó tirada en el suelo, con la cara roja, el aliento entrecortado y las piernas temblorosas, pero ya estaba pidiendo que le volvieran a meter la polla antes de que se le bajara el subidón.