Supermodel aviana viollet se corre con polla brutal de bryan gosling
La rubia de curvas explosivas y cuerpo de escándalo llegó al estudio con un vestido ajustado que apenas tapaba sus tetas naturales bien duras y un culito respingón que pedía a gritos ser empotrado sin piedad. Bryan, con su verga gruesa y venosa lista para reventarle el coño y el culo, no pudo resistirse ni un segundo más: la agarró por la cintura con sus manos enormes y la estrelló contra la pared, haciendo que sus tetas botaran como dos sandías jugosas al ritmo de cada embestida. Ella, medio ida de placer, abrió las piernas con un gemido largo y húmedo que le salió desde lo más hondo, mientras él le metía los dedos en la boca para que se los chupara hasta dejarla sin saliva. "Dame esa boquita, zorra, que te la voy a reventar de polla hasta ahogarte", le gruñó Bryan al oído mientras le bajaba el vestido y le mordisqueaba los pezones rosados y duros como piedras. Aviana, con los ojos vidriosos y las piernas temblorosas, no opuso resistencia cuando él la volteó bruscamente para ponerla en cuatro patas sobre la mesa de maquillaje, donde su culo prieto y bien redondo quedó expuesto como un banquete para sus embestidas brutales. Cada golpe de cadera le sacaba un gritito agudo y mojado que resonaba en todo el estudio, mezclado con el sonido de sus tetas chocando contra la madera y el chapoteo de sus jugos resbalando por los muslos. Bryan, lejos de calmarse, le agarró el pelo con fuerza y le metió la polla hasta la garganta, obligándola a tragar hasta que los ojos se le llenaron de lágrimas mientras él se corría disparando chorros gruesos de leche caliente por toda su cara maquillada. Aviana, exhausta pero con el coño más mojado que nunca, se dejó caer de espaldas sobre la mesa, con las piernas abiertas y la boca llena de semen espeso que no paraba de babearle por la barbilla. Bryan, aún con la verga dura como una roca, no perdió el tiempo: le abrió las nalgas con las dos manos y le clavó la punta en el culo, arrancándole un alarido de dolor mezclado con placer que hizo vibrar los espejos del estudio. Cada embestida profunda le sacaba más gemidos guturales mientras él le llenaba el culo de corridas que le escurrían por las piernas, dejando el suelo del set manchado de su leche espesa y el sudor que le corría por todo el cuerpo. Cuando por fin se desplomó sobre ella, con la respiración entrecortada y la polla aún palpitante, Aviana solo atinó a susurrarle al oído: "Otra vez, cabrón, que me tienes loca de gusto" antes de que él, sonriendo como un demonio, le agarrara las tetas y se las apretara hasta hacerla gemir de nuevo.