La esposa caliente culo lleno de leche por atrás
La rubia Angela no podía aguantar más con esa polla gruesa que le reventaba el coño desde hacía semanas, así que el marido no tuvo más remedio que ceder cuando ella le suplicó que la empotrara por el culo. Con los labios pintados de rojo y los pechos rebotando bajo la blusa ajustada, se arrodilló en el suelo de la sala y se levantó la falda hasta dejar al descubierto el coño chorreante y depilado que ya pedía a gritos ser follado. El macho, más que dispuesto, se colocó detrás de ella con un gruñido animal, le agarró las caderas con fuerza y le clavó la verga hasta el fondo sin piedad, haciendo que la morena soltara un alarido de placer que resonó por toda la casa. Angela se retorcía de gusto, con el culo bien abierto y los muslos temblorosos, mientras el marido no podía creer lo que veía: su mujer, convertida en una auténtica puta dispuesta a todo, le exigía que la llenara de leche por el culo sin importarle quién escuchara sus gemidos obscenos. Él, con la cara roja de excitación, no tardó en obedecer, embistiéndola con tal furia que el sonido de carne contra carne se mezclaba con los gritos ahogados de ella, que no paraba de repetir ‘más duro, métemela hasta las pelotas’. La polla, enrojecida y palpitante, se hundía una y otra vez en ese culo prieto que chupaba cada embestida con avidez, hasta que, de repente, el macho se corrió dentro con un rugido, inundándole las entrañas de esperma caliente mientras Angela se dejaba caer sobre la alfombra, jadeante y con las piernas temblorosas, completamente satisfecha y con el culo goteando leche por los agujeros abiertos. El marido, todavía con la respiración entrecortada, no pudo evitar echarse a reír al ver cómo su mujer, sin pudor alguno, se lamía los labios y le guiñaba un ojo mientras le susurraba al oído que esto era solo el principio.