Esta morra argentina se corre solo con empotrarle el culo
La morra de tetas redondas y culo bien redondo no podía aguantar más cuando le clavé la polla bien dura por el orto, ese coño chorreante ya le goteaba hasta los muslos de lo mojada que estaba. La muy puta gemía como loca cada vez que le hundía hasta las bolas en ese culazo perfecto que le temblaba al ritmo de mis embestidas salvajes, ese culo prieto se le abría como una flor al recibir toda la verga hasta la garganta. Le encantaba que le azotara las nalgas mientras le metía los dedos en la concha empapada, y cada vez que le arrancaba un quejido más alto me pedía que le diera más fuerte, que no parara ni un segundo. La muy zorra se retorcía de placer cuando le agarraba las tetas por detrás y le susurraba al oído lo putita que era mientras le llenaba el culo de leche bien caliente. El sonido de sus gemidos ahogados mezclado con el chapoteo de sus jugos y el golpeteo de mis huevos contra sus nalgas era la mejor música para follar como animales. No importaba si estaba en cuatro patas o boca abajo, esa morra no podía resistirse a que le empotraran el culo hasta dejarla sin aliento, y yo no pensaba parar hasta verla correrse gritando mi nombre con la cara enterrada en el colchón. La muy perra se corrió tres veces seguidas antes de que yo soltara todo lo mío dentro de ese agujero bien apretado que no quería soltar ni un centímetro de mi verga. Al final quedó tirada en la cama, con las piernas temblorosas y el culo lleno de leche, jadeando como si acabara de correr un maratón pero sin poder parar de reírse como una loca. Esa morra argentina sabe follar como ninguna, y lo mejor es que no se hace la difícil, al contrario, se deja hacer cualquier cosa mientras su coño y su culo le piden más y más sin parar.