Preciosa argentina se abre de piernas en la cocina
La rubia de ojos claros llevaba meses coqueteando con miraditas desde el balcón mientras se frotaba el coño por encima del short ajustado... Hasta que una noche de borrachera la empujó a abrirle la puerta a un desconocido con la polla a punto de reventarle el pantalón. Él no esperó ni un segundo, le arrancó la tanga de un tirón y la clavó contra la mesa de la cocina, sintiendo cómo su culo prieto y bien depilado temblaba al contacto con su verga gruesa y palpitante. Ella gimió al sentir el primer empellón, con las tetas rebotando contra la madera mientras él le agarraba las caderas para hundirse hasta las pelotas, destrozándole el culo a cada envite. Él le escupió en el coño mojado y le ordenó que se lo chupara bien duro, agarrándole la nuca para metérsela hasta la garganta mientras le escurría la saliva por la barbilla. La argentina no opuso resistencia, solo gemidos ahogados y babas colgando mientras él le llenaba la boca de leche espesa antes de voltearla para empotrarla otra vez por el culo, esta vez sujetándole los pies contra el suelo para sentir cada sacudida. Le encantaba ver cómo su agujero se abría como una boca hambrienta al recibir cada embestida, y no tardó en correrse dentro de ella con un gruñido animal mientras le apretaba los muslos para dejarle hasta la última gota. Cuando terminó, la dejó tirada en el piso con el culo empapado y los labios hinchados, pero supo que volvería por más... porque esa noche había descubierto que le encantaba ser su puta anal.