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La morena ardiente se dejó empotrar sin piedad por el culo

19:42 SD 5 Videos Anal Latinos
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Llevaba semanas provocándolo con esos shorts ajustados que le marcaban el culo prieto mientras regaba las plantas, lanzándole miraditas de esas que queman la espalda. El tipo, un macho curtido de manos grandes y sonrisa pícara, no pudo más: la agarró de la cintura en el pasillo de su casa y le susurró al oído que se dejara hacer de todo. Ella, jadeando con el coño ya empapando la tela del tanga, le contestó con un gemido ronco que sí, que la empotrara hasta el fondo. Él le arrancó la blusa de un tirón y le metió dos dedos en la boca para que se los chupara bien mojados antes de bajarle el pantalón ajustado y dejar al aire esa polla gruesa que le palpitaba lista para culearla sin piedad. La puso de espaldas sobre la mesa de la cocina, le separó las nalgas con las manos y le escupió en el culo para que entrara más fácil, mientras ella se agarraba a los bordes con los nudillos blancos de tanto apretar. La primera embestida le arrancó un chillido agudo que le recorrió la garganta, mezclado con el sonido húmedo de carne contra carne al pegarse su coño contra el borde de la mesa. Él no la dejó recuperar el aliento: le clavó la polla hasta las pelotas con movimientos cortos y brutales, haciendo que sus tetas rebotaran al ritmo de cada empuje, mientras le susurraba guarradas al oído que le encantaba ver cómo se le abría el culo para él. Ella, con la boca abierta en un grito mudo, le suplicaba que le diera más fuerte, que no parara hasta correrse dentro de ella, y él, lejos de apiadarse, le azotó las nalgas con un golpe seco que dejó marca roja mientras aceleraba el ritmo hasta que los dos quedamos convertidos en un manojo de sudor, gemidos y piel pegajosa. Cuando por fin eyaculó dentro de su culo estrecho, ella se corrió al mismo tiempo, empapando la mesa con chorros de leche espesa que le resbalaron por los muslos mientras los dos se desplomaban, jadeantes y satisfechos, sobre los restos de lo que quedó de su ropa interior.

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