Chica con tatuaje se la come al macho musculoso
La morena de tetas grandes y culo prieto se relamía los labios mientras le clavaba los ojos al tipo de abdominales marcados que acababa de entrar al vestidor. Él no necesitó más que un segundo para notar cómo el coño de ella se le humedecía al ver su polla gruesa y venosa asomando por entre los vaqueros ajustados. Sin perder tiempo, la chica se arrodilló en el suelo frío y le lamió el prepucio con lengüetazos lentos y bien calculados, saboreando el sabor salado de su piel sudada. Él gruñó y le agarró la cabeza con fuerza, empujando su verga hasta la garganta mientras ella se ahogaba con los ojos llorosos pero sin soltar ni un milímetro. Entre gemidos ahogados, la morena le chupaba las bolas bien cargadas mientras sus dedos se hundían en el culo prieto de él, buscando el punto justo para volverlo más loco. De pronto, sin avisar, la chica se levantó y se inclinó sobre el banco de pesas, levantando el culo en el aire y mostrando ese tatuaje de serpiente enrollada que le cruzaba la nalga derecha. Él no se lo pensó dos veces: se acercó por detrás, le bajó el tanga de un tirón y le enterró la polla hasta el fondo en ese coño que ya chorreaba como una fuente. Cada embestida sonaba como un latigazo húmedo mientras ella gritaba y se mordía el labio inferior para no correrse antes de tiempo. Entre gritos de '¡más fuerte, cabrón!' y '¡no pares, sácame el jugo!', él le metió el dedo en el culo mientras le follaba el coño a un ritmo que hacía temblar el banco. Cuando sintió que ella se corría con espasmos violentos y un chorro de líquido caliente le mojó el muslo, él no aguantó más: se sacó la polla de golpe, la volteó boca arriba y le empotró la verga hasta el fondo en la garganta otra vez, ahogándola con su corrida espesa que le resbaló por la barbilla. La chica se limpió la boca con el dorso de la mano y le sonrió, satisfecha, mientras el tipo se dejaba caer contra la pared, jadeando y con las piernas temblorosas de tanto placer.