Puta del pastor recibe doble penetración en el culo y el coño
La esposa del pastor no podía aguantarse más después de ver cómo ese par de machos la miraban con esa cara de hambre mientras le rezaban en la iglesia... Esa mirada de pecado le hizo soltar un gemido ahogado que le quemaba la garganta desde el primer sermón. Él se le acercó por detrás en el confesionario, le levantó la falda hasta la cintura y le clavó los dedos en las nalgas mientras le susurraba al oído que Dios perdonaría cualquier pecado... pero no esa noche. Con las bragas ya empapadas por el calor que le subía desde el coño, ella se dejó caer contra el banco de madera, arqueando la espalda como una perra en celo mientras él le metía dos dedos bien jugosos dentro del coño chorreante. Entre gritos ahogados y rezos maldecidos, el otro tipo se le tiró encima, empalándola contra la pared del sacristía con su verga gruesa y palpitante, que le reventaba las entrañas cada vez que se la clavaba hasta las bolas. El sonido de los choques de carne contra carne se mezclaba con los gemidos de ella, que no paraba de chillar entrecortado mientras le suplicaba que no se detuviera, que la llenara de leche hasta que no pudiera más. Él le agarró el pelo con fuerza, le echó la cabeza hacia atrás y le escupió en el culo antes de hundirle la polla hasta el fondo, sintiendo cómo el coño se le contraía como un puño alrededor de su miembro mientras se corría a chorros dentro de ella. La corrida fue tan intensa que le brotó por las piernas, manchando el suelo de la sacristía con un charco espeso y blanco que le resbalaba entre los muslos temblorosos, mientras los dos tipos se turnaban para reventarle el culo y la concha hasta dejarla sin fuerzas, con la boca llena de babas y el cuerpo tenso como una cuerda a punto de romperse. Cuando por fin se desplomó sobre el banco, exhausta y con el coño y el culo bien abiertos, solo atinó a susurrar 'joder' entre dientes mientras los dos se reían y le pasaban la mano por el pelo sudoroso, dejando claro que esa noche no había escapatoria para su pecado... ni para su lujuria.