Rubia cachonda se deja empotrar por su amante con medias
Christine siempre presumía de sus tetas naturales en el trabajo, pero hoy se le olvidó que su marido la seguía en la app del móvil. Cuando Alex llegó a su casa con esos pantalones ajustados que le marcaban la polla dura como un palo, la rubia no pudo resistirse ni un segundo más. Se quitó el sujetador de encaje negro sin que él le pidiera nada, dejando que sus pechos grandes se balancearan libres mientras él le metía la lengua hasta el fondo de la boca, chupándole los labios carnosos hasta dejarlos rojos y brillantes. Christine se arrodilló al instante, con las medias negras de red resbalandole por los muslos gruesos, y se tragó toda la verga gruesa de Alex hasta que le tocó la garganta, sintiendo cómo le lloraban los ojos mientras él le agarraba la nuca para que no se moviera. Él le arrancó las bragas de encaje con un tirón seco, descubriendo un coño peludo y bien mojado que goteaba sin parar, y se lanzó a lamerle el clítoris hinchado mientras ella gritaba y le clavaba las uñas en los hombros. Cuando por fin la levantó del suelo, la puso a cuatro patas sobre el sofá, le levantó el culo enorme y se la clavó de una sola estocada hasta dejarla con la cara contra los cojines, gimiendo como una puta sinvergüenza mientras él le empotraba la verga hasta el fondo, haciendo que sus tetas grandes rebotaran con cada embestida brutal. Christine no paraba de repetir que no se corriera dentro, pero cuando él le agarró las tetas desde atrás y le mordió el hombro, la rubia se deshizo en un orgasmo que le dejó las piernas temblorosas y el coño chorreando leche caliente por todas partes, mientras Alex se corría dentro con un gruñido animal, llenándole el útero hasta que no cupo ni una gota más.