Rubia de tetas grandes exige que le arranquen la ropa
La rubia no aguantó más y le soltó un grito al verlo desnudo: '¡Quítame esto ya, cabrón, que me tienes con el coño en llamas!' Él no necesitó que se lo pidiera dos veces, le arrancó el vestido de un tirón mientras ella se retorcía de placer. Las tetas grandes y naturales le botaban como dos pelotas jugosas cada vez que se movía, y él no pudo resistirse a enterrar la cara entre ellas, lamiendo los pezones rosados que se le ponían duros al instante. La morra gemía como una loca, agarrándole la polla gruesa con ambas manos y guiándosela al coño empapado que le goteaba por los muslos. 'Si no me empotras ahora mismo, te mato', le susurró al oído con voz ronca mientras se ponía en cuatro patas sobre la cama. Él la agarró de las caderas con fuerza y le metió la verga hasta el fondo sin piedad, haciendo que sus tetas rebotaran al ritmo de las embestidas brutales. Cada vez que la llenaba hasta el fondo, ella gritaba como una puta en celo, con el culo rojo de tanto azotar contra su pelvis. Él le agarraba los pelos rubios y le tiraba la cabeza hacia atrás para que no pudiera escapar de sus embestidas salvajes, mientras ella se corría una y otra vez, dejando manchas de leche en el colchón. El sonido de sus cuerpos chocando resonaba en toda la casa, mezclado con los gemidos ahogados de ella y los gruñidos de él cada vez que le clavaba la polla hasta las pelotas. Cuando por fin ella le pidió que se corriera dentro, él no pudo aguantar más: le soltó un chorro caliente en lo más profundo del coño, haciendo que ella se estremeciera de placer mientras se dejaba caer sobre la cama, exhausta y sudorosa, con las tetas aún temblorosas y la vagina palpitante.