Sofia se corre con una polla brutal y sin piedad
Sofia llegó con ese vestido ajustado que le marcaba cada curva, especialmente esos pechos que rebotaban cada vez que se movía, y esa mirada de puta desesperada por sentir una verga bien dura dentro. Nada más entrar a la habitación, él le arrancó el sujetador sin piedad mientras ella le lamía la polla con esos labios carnosos que tanto le gustaban, chupando la cabeza gruesa con un gemido ahogado que le hizo temblar las piernas. Él la empujó contra la pared y le metió dos dedos en el coño empapado, sintiendo cómo los labios vaginales se le pegaban a los dedos, resbaladizos y calientes, antes de girarla y empotrarla contra el espejo del baño. En esa postura de perrito, con las tetas apretadas contra el cristal frío, él le agarró las caderas con fuerza y le metió la verga hasta el fondo, haciendo que a Sofia se le escapara un grito de puta satisfecha mientras el sonido de los azotes resonaba en la habitación. Ella no paraba de gemir, su coño chorreando jugos por cada embestida profunda, mientras él le agarraba los pechos desde atrás y se los apretaba hasta dejarle marcas rojas en la piel suave. El cabrón no tenía piedad, le metía la polla hasta la garganta haciéndole atragantarse con cada embestida, sintiendo cómo la leche le resbalaba por la comisura de los labios mientras ella intentaba tragarla sin éxito. Sofia se corrió con un grito ronco, su clítoris hinchado palpitando como loca mientras él le llenaba el coño de leche caliente, empapándole las piernas y el vestido que ya estaba hecho un trapo. Después la tumbó en la cama con las tetas al aire, le abrió las piernas bien abiertas y le metió la polla otra vez, esta vez más lenta pero igual de brutal, saboreando cómo su coño lo apretaba como un guante mientras ella se dejaba llevar por los espasmos del orgasmo que aún le sacudían el cuerpo. Él no se corrió todavía, solo la embestía con fuerza mientras ella le suplicaba que la llenara por completo, con la voz entrecortada y los ojos vidriosos por el placer. Cuando al fin se dejó ir, la leche le salió a chorros, manchándole las tetas, la cara y hasta el pelo mientras Sofia se retorcía bajo su peso, completamente rendida y con el coño goteando leche mezclada con sus propios jugos. La cama quedó hecha un desastre, los dos exhaustos y sudorosos, con los cuerpos pegajosos por el sexo salvaje y las sábanas llenas de manchas de sudor y fluidos. Nada como una follada de estas, con una zorra madura que sabe lo que quiere y no se contiene a la hora de pedirlo a gritos.